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El cierre de la Iglesia y el párroco Pbro. Domingo Rinaldi -1919

Ya con fecha 29 de agosto de 1919, la Comisión de Fomento envía una nota al Cura Vicario, para que se efectuara diariamente la desinfección de los locales y pisos, como también proceder:

“…a la total destrucción de las pulgas y ratas…” (57)

   Pero luego con el empeoramiento de la situación sanitaria dada por nuevos casos de peste bubónica ocurridos el 13 de septiembre (58). Ante esta circunstancia, el Presidente de la Comisión de Fomento y con el consejo del Presidente y médicos del Consejo Gral. De Higiene de la Provincia, se ordenó la clausura de nuevos locales, estando incluida en esta circunstancia, la Iglesia.

Ante el desborde de la epidemia, se resolvieron medidas profilácticas, en este caso, como en una circunstancia en estado de sitio; sin haber informado a la autoridad eclesiástica local, es decir, al Párroco para convenir la clausura temporaria del templo; aunque luego se remitieran las notas correspondientes.

El Párroco, Pbro. Domingo Rinaldi, celoso de su deber de pastor de almas y de llevar la asistencia espiritual que la religión católica establece para estas situaciones; no trepidó un momento en acudir para consolar a los atacados y sus familiares que requerían su presencia.

Con fecha 17 de septiembre, el Pbro. Rinaldi se dirige al Obispo Boneo para explicarle los hechos ocurridos, contando su actuación al concurrir a llevar su asistencia a una enferma:

“Cuando me acerqué a la casa, me salió al encuentro el Dr. Roque F. Coulín diciéndome que era peste bubónica, que no convenía entrar porque estaban allí otros médicos venidos de Santa Fe para inocular un suero antipestoso a la familia, que no debía entrar. Yo pensando que era sábado, y que si hubiera hecho fuerza no hubiera podido celebrar el domingo siguiente accedí, hice retirar a los niños y para contentar a la suegra, hablé a la enferma desde la ventana, exhortándola a la resignación al arrepentimiento y la absolví y bendije y me retiré”. (59)

   Luego el domingo 14 dieron comienzo las Santas Cuarenta Horas.

“El día era espléndido, el concurso de gente era desolador. La iglesia repleta. Al ver tanta gente en la plaza, algunos comenzaron a gritar contra la aglomeración, que los colonos tienen ratas, que vienen las pulgas inoculadoras del contagio, que se cerraba la iglesia. Quien hacía esto eran socialistas y anticlericales.” (60)

   Cuando estaba celebrando la Misa Mayor, se apersonaron para cerrar la iglesia. Contestándosele que vinieran más tarde. Recién el día 16 recibió la nota de fecha 15. (61)

Explica el Pbro. Rinaldi las diversas discusiones mantenidas con el Comisario y el Presidente de la Comisión de Fomento, Federico Narváez, quién mantiene firme la decisión tomada al respecto de la clausura del templo; indicando finalmente:

“Yo estoy dispuesto a asistir a los apestados si me llaman…” (62)

   Entretanto días más tarde, en el diario La Capital aparece una comunicación del Obispado, tal vez en previsión de otros conflictos, indicando que:

“…ha dirigido una circular a los curas párrocos y vice-párrocos de la diócesis recomendándoles que cooperen en la mayor forma posible al cumplimiento de las medidas adoptadas por las autoridades a fin de prevenir la propagación de enfermedades endémicas, procediendo, si fuere necesario, a la clausura de las iglesias y dando cuenta a la Curia de las resoluciones adoptadas.” (63)

   En fecha 27 de septiembre, la Comisión de Fomento le comunica el levantamiento de la clausura del templo.

Pero como se producen nuevos casos del terrible mal y el Pbro. Rinaldi,

“…haber este visitado repetidamente la casa donde residía la persona pestosa”(64)

   Se le aplicó el aislamiento profiláctico, debiendo estar en la casa parroquial sin recibir a otras personas ni salir de la misma a partir del 29/09/1919;

“obligándome a seis días de perfecto aislamiento.” (65)

   El día 7 de octubre se informa que al agravarse la situación sanitaria, nuevamente junto con otros locales se clausura la iglesia; permaneciendo hasta el día 27 de octubre, donde se le comunica al Párroco que:

“Considerando de haberse efectuado ya una intensa campaña de desratización y de desinfección, como también vacunado a una gran parte de los habitantes del municipio, tengo el agrado de dirigirme a Ud., significándole que desde hoy y hasta una nueva orden le queda levantada la prohibición establecida de tener clausurado el templo en el sentido de que tan solo pueda oficiar una misa diaria, la cual deberá verificarla a las primeras horas de la mañana y una vez realizada la misa correspondiente al día domingo, esta Comisión mandará a efectuar una prolija desinfección del local de la Iglesia.” (66)

   Los momentos de tensión se iban atemperando, los enfermos ya eran cada vez menos y las aguas desbordadas entraron en cauce; la paz renacía lentamente en el pueblo de Gálvez y los feligreses podían estar con su Párroco sin inconvenientes.

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